Una misma estructura puede estar en tres ambientes corrosivos a la vez. Cada uno carga el recubrimiento de forma distinta y un solo sistema rara vez sirve para todos.
Un pilote de muelle, la pata de una plataforma marina o el casco de un buque cruzan más de un entorno. La parte por encima de la flotación, la zona barrida por las olas y la parte sumergida sufren mecanismos distintos, y un recubrimiento que rinde bien en una de ellas puede fallar pronto en otra.
Una estructura, tres entornos
Normas como la ISO 12944 dividen el ambiente en categorías de corrosividad atmosférica (de C1 a C5, y CX para casos extremos) y en categorías de inmersión (Im1 a Im3). Una misma estructura puede abarcar varias a lo largo de su altura, por lo que el esquema se redacta por zonas y no como un sistema único.
La zona atmosférica
- Qué la ataca. Hay oxígeno y humedad de sobra, pero mandan los cloruros del aire costero, los compuestos de azufre en ambiente industrial y los ciclos repetidos de mojado y secado.
- Qué debe aguantar el recubrimiento. Radiación UV y ciclos térmicos sin tizar ni agrietar, manteniendo la barrera frente a los cloruros. Aquí el acabado importa más que en ninguna otra zona.
La zona de salpicadura y de carrera de marea
- Qué la ataca. Alternar inmersión y secado mantiene la superficie rica en oxígeno, mientras la sal no termina de aclararse. El oleaje y los objetos flotantes añaden abrasión e impacto.
- Qué debe aguantar el recubrimiento. Suele ser la zona con mayor velocidad de corrosión de toda la estructura. Películas gruesas y tenaces son la base; en obra marina es habitual recurrir a capas con escamas de vidrio u otras resistentes a la abrasión.
La zona sumergida
- Qué la ataca. El oxígeno llega sobre todo por difusión a través del agua, por lo que la velocidad suele ser menor que en la salpicadura. El fouling biológico y, con protección catódica, las condiciones alcalinas en la superficie del acero pasan a gobernar.
- Qué debe aguantar el recubrimiento. Resistir la absorción de agua a largo plazo, ser compatible con la protección catódica y, en cascos, convivir con el esquema antifouling.
Qué cambia de verdad en el pliego
El espesor de película seca, el tipo de imprimación, el número de manos y la química del acabado cambian entre zonas. Una imprimación rica en zinc, imprescindible en la salpicadura, puede no ser adecuada donde se aplica protección catódica, y un acabado antifouling blando no tiene sentido por encima de la flotación. Tratar toda la estructura como un solo ambiente suele significar sobredimensionar una parte y dejar otra desprotegida.
Los límites entre zonas no son nítidos, y un buen pliego ensancha la transición para no dejar puntos débiles. Los materiales públicos de los fabricantes recogen sistemas aptos por categoría; conviene confirmar los parámetros concretos con la última edición de la ficha técnica (TDS) del fabricante.